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LA PANDEMIA MÁS GRANDE, EN EL DISTRITO MÁS POBLADO

Prevención del Covid-19 en San Juan de Lurigancho Por: Miguel Yacolca García

LA PANDEMIA MÁS GRANDE, EN EL DISTRITO MÁS POBLADO

IMÁGENES: ANDINA



Era obvio, casi casi un designio inevitable, que el distrito más poblado del país, sea el que más muertos iba a tener por Covid-19 durante esta pandemia que nos cambió la vida. Cumplido un año del maldito virus, San Juan de Lurigancho cuenta 2136 muertos, según las cifras oficiales del MINSA (www.datosabiertos.gob.pe al 11 de marzo 2021) de los casi 49 mil fallecidos que tenemos a nivel nacional. Pero de seguro son más.
Cinco de cada cien muertos por Covid-19 viven en San Juan de Lurigancho. Era obvio que tendrían la mayor cifra, porque es el distrito más poblado del país, pero también es uno de los que más carencias y desigualdades tiene en la capital peruana.
Son casi 1.2 millones de habitantes (1, 117,629 para ser exactos, según el último censo). Hace 28 años eran la mitad de pobladores. San Juan de Lurigancho está dividido en 8 zonas y 27 comunas que contienen decenas de asentamientos humanos que se van urbanizando de a pocos. Es ahí, en los “pueblos jóvenes”, en los cerros, donde la desigualdad azota más y la pandemia se muestra implacable.

Pero, ¿Qué se está haciendo?
El Gobierno, desde sus distintas instancias y pese a la inestabilidad política que lo rodea, ha implementado acciones para mitigar el flagelo. Aunque pareciera, que todo esfuerzo es insuficiente. Falta mucho por hacer.
Las acciones de prevención (para evitar que la gente se contagie y se muera) han tenido como estrategia una Política Multisectorial de Salud, llamada “Política Saludable” publicada en el diario oficial El Peruano, que, según el director de Promoción de la Salud del Minsa, Alex Saco, busca mejorar los hábitos, conductas y estilos de vida de la población. También busca asegurar los accesos a servicios integrales y mejorar las condiciones de vida de la población, que generan vulnerabilidad y riesgos en la salud.
Con ello, buscan generar capacidades en la población, para enfrentar la pandemia, realizando talleres sobre las principales medidas de prevención, el uso adecuado del pulsioxímetro, uso correcto de la mascarilla y adecuado lavado de manos. Aunque esto último parezca muy elemental, no se hace correctamente. 
La mirada de prevención del Minsa ha estado puesta en la organización vecinal y en los jóvenes, quienes se han convertido en agentes comunitarios de cambio. En San Juan de Lurigancho se han formado 188 comités comunitarios, los cuales buscan canalizar la voluntad de la comunidad organizada para contribuir con el cuidado y la atención del Covid-19.
Otra línea de trabajo está en los gobiernos locales. Desde el Minsa buscan involucrar a las autoridades distritales en el cumplimiento de sus obligaciones en salud y atención primaria. 
La salud mental es otro tema pendiente; nuevamente, todo esfuerzo parece poco, porque son muchas las necesidades. El Minsa ha intensificado la capacitación de los agentes comunitarios y las organizaciones sociales, para que sean el primer soporte ante situaciones de crisis y los afectados puedan ser derivados a centros especializados.
La historia de San Juan de Lurigancho se repite en otras partes del país. El distrito más poblado es una mixtura de migrantes de todas las regiones. Sin exagerar, es una réplica del Perú en chiquito, con sus diferencias, sus desigualdades y con el mismo ímpetu que le ponen los peruanos, para superar la adversidad. 

Diferenciar opinión de información
Todos estamos intentando sumar esfuerzos, desde distintos espacios y enfoques. El Centro de Sostenibilidad de la Universidad de Lima organizó el Seminario Taller – “Periodismo y Pandemia: Percepciones y Realidades” con el afán de dar información y herramientas a los periodistas, para que cumplan su rol de manera más efectiva. 
Después de cuatro semanas, veinte horas de exposición y más de una decena de conferenciantes, resuena en mi mente el pedido de uno de los expositores, a los 120 comunicadores del foro: “es necesario aclarar la naturaleza de nuestras afirmaciones, ¿emiten opinión o dan evidencia?, den todas las precisiones, por favor”, nos reclamó.
Hoy enfrentamos la segunda ola de muertes por el covid-19, que ha sido más dura que la primera ola, si la comparamos con el número de fallecidos. Sin embargo, nos sorprendemos menos, porque la muerte nos está curtiendo y robando sensibilidad. Hoy, en otras partes del mundo empiezan a hablar de una tercera ola de la pandemia. No podemos bajar la guardia, el miedo y la insensibilidad no se deben apoderar de nosotros. Tenemos que seguir juntos hasta superar el mal tiempo. Tengamos fe. Resiste, cada vez falta menos.

Por: Miguel Yacolca García

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